Ventajas
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¿Cuáles son las ventajas del movimiento?

Existe una amplia documentación científica que confirma los efectos positivos que produce la actividad física cotidiana en la salud física y psíquica de la persona. Llevar una vida activa es una recomendación presente en todas las directrices y en 2007 el Fondo Mundial para la Investigación sobre el Cáncer (World Cancer Research Fund) ha introducido también el consejo de «mantenerse físicamente activos todos los días» en la segunda posición de su decálogo «anti cáncer», inmediatamente después de la recomendación de «mantenerse delgados durante toda la vida» y antes de las instrucciones para una sana alimentación. 

Actualmente se ha llegado a la certeza de que moverse según las recomendaciones ilustradas en las sección “Consejos útiles”:

  • potencia el funcionamiento del corazón y los pulmones; 
  • ayuda a prevenir y a tratar el sobrepeso porque regula el apetito y aumenta el número de calorías quemadas cada día;
  • disminuye el riesgo de algunos tipos de cáncer, por ejemplo el de seno o de colon;
  • mejora la tolerancia a la glucosa y reduce el riesgo de enfermar de diabetes de tipo 2;
  • previene el aumento del colesterol y la hipertensión arterial;
  • reduce los niveles de la presión arterial y del colesterol en las personas que tienen estos problemas;
  • disminuye el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas;
  • reduce el riesgo de muerte prematura, especialmente la causada por infarto y otras enfermedades cardíacas;
  • mejora la agilidad y el equilibrio ayudando a desarrollar (en el caso de los niños) o a reforzar (en el caso de los adultos y los ancianos) el aparato osteoarticular y muscular;
  • previene y reduce los trastornos músculo-esqueléticos (por ejemplo el dolor de espalda);
  • previene y reduce la osteoporosis y el riesgo de fracturas;
  • reduce la ansiedad, el estrés y la depresión;
  • previene comportamientos de riesgo, como el uso de tabaco, alcohol, dietas no sanas y comportamientos violentos, especialmente entre los niños y los jóvenes;
  • favorece el bienestar psicológico a través del desarrollo de la autoestima y de la autonomía y facilita la gestión de la ansiedad y de las situaciones estresantes.

Naturalmente, para que el ejercicio físico sea útil desde un punto de vista «terapéutico» es importante que sea efectuado de modo regular, con una frecuencia constante

Además, si se ha llevado siempre una vida sedentaria y no se tiene la costumbre de moverse con fines lúdicos o por motivos de trabajo, es conveniente empezar de modo gradual con actividades «ligeras», o sea, poco fatigosas físicamente. Para quien no lo ha hecho nunca, o casi nunca, dar un paseo o empezar a desplazarse a pie puede representar una excelente manera de empezar, para pasar en un segundo momento a actividades más «fatigosas» desde un punto de vista físico.

... menos demencias...

Correr ayuda a «rejuvenecer» el cerebro. Esta importante noticia, publicada en marzo de 2014, es el resultado de los experimentos realizados en ratones por los investigadores italianos del Instituto de Biología Celular y Neurobiología del Consejo Nacional de Investigación (CNR). Hasta ahora se sabía que el ejercicio físico aportaba beneficios también en el cerebro, favoreciendo la producción de nuevas neuronas. Recientes investigaciones muestran por primera vez que en el cerebro adulto un ejercicio físico de tipo aeróbico como correr bloquea al proceso de envejecimiento y estimula una intensa producción de nuevas células estaminales nerviosas en el hipocampo, aumentando la capacidad de memoria.

 

… menos diabetes…

Actualmente ha quedado demostrado que evitar el sobrepeso y desarrollar una actividad física regular (20-30 minutos al día o 150 minutos por semana, según las indicaciones de la OMS ilustradas anteriormente) representan los medios más apropiados para reducir el riesgo de desarrollar diabetes mellitus de tipo 2 en los individuos con «reducida tolerancia a los carbohidratos» (IGT en siglas, condición que predispone fuertemente a la diabetes), superando incluso la ingesta de fármacos específicos. 

 

… menos hipertensión e infartos…

Practicando una actividad física regular el corazón se vuelve más robusto y resistente a la fatiga. La actividad aeróbica fortalece el corazón y hace que los pulmones proporcionen más oxígeno al cuerpo, mejorando la eficiencia de la circulación. Un corazón entrenado bombea una cantidad de sangre mayor sin un consumo suplementario de energía. 

¡Y diez latidos cardíacos menos por minuto significan un ahorro de 5.256.000 latidos al año!

Hay que considerar que el ejercicio físico es parte integrante del proceso de rehabilitación de la mayor parte de las personas que sufren enfermedades del aparato cardiocirculatorio, empezando por quien ha padecido un infarto de miocardio. Obviamente, tratándose de una verdadera terapia, en estos casos la actividad física debe elegirse de acuerdo con el médico, que es el único capaz de evaluar las condiciones y las características del paciente. En principio se puede afirmar que las disciplinas más indicadas para las personas con cardiopatía isquémica son las denominadas «aeróbicas», o sea, las que comportan un esfuerzo medio o bajo del corazón: ciclismo en llanura, natación, golf, paseos, el juego de la petanca, etc.

En caso de hipertensión moderada, en cambio, el ejercicio físico asociado a una dieta con poca sal y a la pérdida de peso corporal, en caso de sobrepeso, constituye la primera estrategia de tratamiento no farmacológico. Si el trastorno es más marcado, la actividad física (y la dieta) debe considerarse como una ayuda fundamental para la terapia farmacológica.

 

… menos osteoporosis…

Los principales factores que condicionan positivamente la «calidad» de nuestros huesos son la ingesta de calcio durante la edad evolutiva y el nivel de actividad física practicada. Por el contrario, el sedentarismo (lamentablemente típico de la gran parte de la población anciana) acentúa las «normales» modificaciones de la eficiencia física y de la capacidad de movimiento que inevitablemente acompañan el avance de la edad. 

En particular, la falta de una cantidad adecuada y constante de movimiento acentúa la pérdida progresiva tanto del tono y de las masas musculares como del contenido mineral del tejido óseo (osteoporosis), típicas de la edad avanzada, con el consiguiente aumento del riesgo de fracturas e inmovilización. Existen sólidas pruebas de que quien practica ejercicio físico en posición erecta (que impone la «carga» del peso del cuerpo) posee una masa ósea mayor que un individuo sedentario, y que el aumento de masa ósea obtenido interesa específicamente a la parte de nuestro esqueleto que se utiliza durante el movimiento. Por el contrario, se ha demostrado que en las personas que pasan muchas horas tumbadas se produce una pérdida de masa ósea.

Por último, hay que recordar que, por lo general, en las mujeres en pre menopausia o menopausia se observan niveles de densidad mineral crecientes (o sea, huesos más resistentes) cuanto mayor es el tiempo que dedican a practicar actividades deportivas de tipo recreativo.

 

… menos obesidad…

Para tener bajo control el peso y perder los kilos excedentes, la alimentación es importantísima, pero por sí sola no es suficiente. De hecho, la actividad física es fundamental tanto para perder los kilos en exceso como para mantener el peso ideal ya alcanzado. , operación que a menudo resulta todavía más difícil que perder los kilos de más. Se sabe que el peso corporal depende de la relación entre la cantidad de calorías ingeridas con la comida y las consumidas.

De ello se desprende que para adelgazar el resultado debe ser negativo, es decir, las calorías ingeridas deben ser inferiores a las calorías consumidas. Con la actividad física se «queman» más calorías que con una vida sedentaria: por este motivo, cuanto más movimiento se hace, más calorías se consumen. De ahí la posibilidad tanto de perder peso como de mantener el peso ideal alcanzado.

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